Alimentos funcionales



SON PRODUCTOS MODIFICADOS O CON AGREGADOS, QUE MEJORAN LA SALUD Y AYUDAN A PREVENIR ALGUNAS ENFERMEDADES.

DE ÚLTIMA GENERACIÓN
Son alimentos de punta. Todavía no está bien legislado en el mundo este concepto introducido en los años 80 por Japón, donde hoy se comercializan más de 350 productos. Generalmente se los define como alimentos que se consumen como parte de una dieta normal, pero con agregados biológicamente activos, desarrollados para mejorar la salud y reducir el riesgo de contraer enfermedades.
La oferta de alimentos funcionales es muy amplia: yogures con agregados para mejorar la digestión o fortalecer el sistema inmunológico, panes que ayudan a prevenir el cáncer de colon, aceites para bajar el colesterol... Hay leches, postres, galletitas, aceite de pescado, huevos, pastas, milanesas de soja, mieles y muchos más productos, a los que se les agregan sustancias antioxidantes o cultivos vivos de microorganismos benéficos para la salud. Hasta el momento, las experiencias en el campo de los alimentos funcionales están dirigidas sobre todo a mejorar el funcionamiento intestinal y cardiovascular, ayudar al crecimiento y el desarrollo, beneficiar al metabolismo y la absorción de nutrientes y a generar antioxidantes. Los alimentos funcionales no curan ni previenen por sí solos, sino que funcionan como complemento de la dieta y el estilo de vida. Los expertos recomiendan incorporarlos a una alimentación equilibrada y a la actividad física -en las dosis correctas y siempre y cuando estén indicados- como parte de los hábitos saludables para vivir más y mejor.

AGREGADOS HABITUALES
Estas son las sustancias que se adicionan más habitualmente a los alimentos funcionales (en muchos países, por ley, las etiquetas no pueden atribuir propiedades terapéuticas; sólo pueden decir que "ayudan" o "colaboran con"):
* Probióticos. Son microorganismos vivos que, al añadirse en concentraciones óptimas, favorecen el crecimiento de bacterias intestinales beneficiosas, estimulan las defensas y mejoran la digestión, la absorción de nutrientes y el equilibrio microbiano intestinal. En general, los probióticos se agregan a los productos lácteos.
* Prebióticos. Son sustancias no digeribles que funcionan como fibra soluble en el aparato digestivo y tienen efectos benéficos, ya que estimulan el crecimiento de la flora intestinal y ayudan al buen funcionamiento del intestino, previniendo la constipación. Se agregan a cereales, leches, yogures y postres.
* Simbióticos. Añadidos en general a lácteos, combinan los efectos saludables de los probióticos y los prebióticos.
* Ácidos grasos omega 3. Son ácidos grasos esenciales que el cuerpo no sintetiza y debe absorber por los alimentos (huevos enriquecidos, aceites). Entre sus propiedades figuran varias vinculadas con el sistema cardiovascular, como el control de la hipertensión y la reducción del colesterol malo y de los triglicéridos.
* Esteróles y estañóles. Son de origen vegetal (se los encuentra en forma natural en frutas, verduras, nueces, legumbres) y, al añadirse a otros alimentos (por ejemplo, margarinas) disminuyen la absorción del colesterol malo y sus niveles en la sangre.

LÁCTEOS ENRIQUECIDOS

¿Cuántas variantes de lácteos enriquecidos puede ofrecer el mercado? Infinitas...
* Leches con agregado de ácidos omega 3, ácido fólico o calcio.
* Leches enriquecidas con vitaminas A y D, fósforo y zinc, o bajas en lactosa para facilitar su digestión.
* Leches infantiles con agregados de ácidos grasos, vitaminas y minerales, diseñadas para la falta de lactancia materna.
* Yogures enriquecidos con calcio y vitaminas A y D.
* Yogures elaborados con leche de soja o con agregado de fibras, para favorecer el tránsito intestinal.
* Leches fermentadas con ácidos omega 3 y oleico.
* Leches fermentadas con bacterias probióticas específicas para favorecer el funcionamiento del sistema gastrointestinal.